El tranvía mejora

Fragmentos

03 de marzo 2025 - 03:10

Cualquiera que haya utilizado en estos últimos meses el tranvía que va desde la Plaza Nueva hasta la calle Luis de Morales, de manera habitual o en alguna ocasión, habrá observado que ha cambiado a ojos vista. Lleva muchos más pasajeros y mantiene la frecuencia, a pesar del mayor trayecto, por la incorporación de nuevos trenes. El tranvía ha mejorado. Al recorrer la avenida San Francisco Javier, con el tirón de los variados edificios de oficinas, bufetes y compañías médicas aseguradoras y al llegar hasta los centros comerciales Nervión Plaza y Corte Inglés, que no hay que detallar la atracción que generan, ha multiplicado viajes y pasajeros, poniendo además al alcance peatonal de muchos sevillanos los buenos bares de todo el entorno. Sin olvidar que se mantienen las paradas del Prado y San Bernardo, como puntos intermedios estratégicos con todos los enlaces que en ellos hay. En la última parada de Luis de Morales, con la marquesina de la estación a la vista, cada vez se ven más usuarios con maletas, inequívocos viajeros que van o vienen a los trenes de Santa Justa. ¿Se imaginan que ya hubiera llegado el tranvía hasta la estación? Y es fácil pensar: ¡qué lástima, con lo poco que queda….!

En la famosa obra de teatro de Tenesse Williams, el tranvía que termina en la calle Deseo se convierte en la gran metáfora del choque de generaciones y modos de vida que estaba transformando la sociedad norteamericana. La ciudad de Nueva Orleans es un protagonista más de la película, junto al emigrante lleno de energía, al que daba vida el inigualable Marlon Brando, y la decadente sureña que nos regaló Vivien Leigh, trasunto vencido de la indomable Escarlata O’Hara, que con gran astucia nos coloca Elia Kazan ante nuestros ojos. En Sevilla, el tranvía hasta Santa Justa, hasta hace poco era un símbolo, una metáfora de lo poco que avanzaban las infraestructuras en la ciudad y, sobre todo, dividía a los sevillanos entre los que lo veían como una comodidad y mejora y los que lo consideran una inutilidad, que solamente nos ha distraído y retrasado en la ejecución del Metro. Pero ese tranvía ahora está a punto de ser una completa realidad. Y funciona.

Aunque nada es completo y todo puede mejorar. El tranvía debe llegar cuanto antes a la estación, que no debe tardar en convertirse en el gran nudo central de transportes de la ciudad, que es su auténtico destino desde que fue concebida. Con el enlace en tren al aeropuerto. Con una estación de autobuses de corto y largo recorrido. Y por supuesto con la prevista parada de Metro de la línea 2, que unirá Torreblanca con Plaza de Armas y Puerta Triana, con parada en el Palacio de Congresos y en el casco histórico. ¡Pero todo eso aún no existe! No me gustaría que Sevilla fuera como Blanche DuBois, la protagonista de Un tranvía llamado deseo, una mujer que, en su última parada, rememora los engaños que ha sufrido al intentar que algún hombre la rescatase: “Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños”.

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