La soflama populista de María Jesús Montero

¡Oh, Fabio!

01 de abril 2025 - 03:11

Imagínense que doritos-Trump se atreviese a poner en duda la presunción de inocencia como base fundamental e irrenunciable de nuestro derecho penal. El revuelo en los casinos progresistas sería enorme. Y con razón. Tendríamos que sufrir editoriales airados, columnas de demócratas de toda la vida, apariciones estelares de los periodistas de RTVE (la que pagamos todos y favorece solo a algunos)... Pero no, no ha sido el malo de moda. Tampoco Musk, ni Vance, ni Bolsonaro, ni Maduro, ni Ortega (el nicaragüense), ni Abascal, ni Franco resucitado al tercer año, ni la momia de Lenin convertida en teleñeco... La que ha dicho semejante barbaridad es nada más y nada menos que la vicepresidenta del Gobierno de España, la ministra de Hacienda, la líder de los socialistas andaluces que aspira a gobernar la Junta de Andalucía, su majestad María Jesús Montero. Para los de corta memoria o, simplemente, bienaventurados que no siguen la actualidad política de este Estado plurinacional, recordaremos que Montero, al hablar de la absolución del futbolista Alves por agresión sexual, lamentó este fin de semana que “todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los grandes, a los famosos” (ojo al adverbio “todavía”). Que una miembro del Gobierno de España y mujer fuerte de lo que se supone un partido sistémico ponga en duda algo tan básico y elemental como la presunción de inocencia para, supuestamente, ganar votos y apoyos demuestra hasta qué punto la política española ha tocado fondo. ¿Y los que le aplaudían enfervorizados? Como decía el gran Antonio Borrero, filósofo cínico desde la barra del Cañuelo (since 1983), todo asistente a un mitin político, sea del signo que sea, suele dejar el cerebro en la puerta, como antiguamente los señores guardaban sus sombreros en los guardarropas de los cabarets.

María Jesús Montero, populista de manual, debería parar, respirar, irse unos días a una casa rural de la Alpujarra (el Tíbet español) y dejar de decir tonterías. Porque vamos a ser buenos y vamos a creer que lo que dijo la ministra de Hacienda favorita de los independentistas catalanes fue un desliz movido por el mucho trabajo acumulado y la borrachera de aplausos de los pelotas de su partido. Más cuando arremete contra una sentencia dictada por un tribunal de mayoría “progresista”, incluso con una jueza experta en “temas de igualdad”. Con estos mimbres, hay Juanma para rato.

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