Ozymandias

Vericuetos

15 de febrero 2025 - 08:00

Hay momentos en la vida que nos conducen al abismo. Querríamos ser anónimos, carecer de responsabilidades, resguardarnos en el silencio de los atardeceres en la montaña y elevarnos como el vaho de un café recién hecho en una cocina donde entra el sol de la mañana. No tener mayor pretensión que existir sin que ninguna palabra, ningún acto o ninguna mirada nos haga sentir frágiles ni nos obligue a defendernos de su amenaza. Simplemente respirar, ser conscientes del ahora, permanecer en el centro del círculo, cerrar los ojos y mirar a nuestro interior para curar las heridas de la profunda decepción y la fatiga permanente…

Hay momentos en la vida que nos exigen un punto y final. De repente, un día cualquiera, anodino, monótono, prescindible, repleto de normalidad, pasa a ser un punto de inflexión tras años de paciencia, comprensión y trabajo, dando lugar a una secuencia de decisiones que habían permanecido latentes largo tiempo. Un simple soplo de viento, una gota minúscula de agua, una pestaña desprendida del párpado nos hace entornar los ojos y en esa fracción de segundo apreciamos todo con una claridad inusitada, como un destello que siempre estuvo ahí pero jamás quisimos ver. Entonces nos percibimos fuera de nuestro cuerpo, como una marioneta cuyos hilos jamás manejamos nosotros mismos, siempre al antojo y capricho de quienes abusaron de nosotros como un viejo muñeco de trapo; nos damos cuenta de toda la energía que se ha ido desprendiendo de nuestra alma, de la infinidad de ofensas que hemos perdonado, de la ingratitud de quienes decían acompañarnos en el camino, pero que en realidad llevaban las alforjas llenas de palos, puñales y piedras sin pulir… En definitiva, nos damos cuenta de que todo se ha acabado y que así debe ser. Por nuestro bien.

Hay momentos en la vida donde solo hay muerte. Un luto cual garra nos recorre la espalda y nos encoge el pecho, porque hemos perdido toda la ilusión y alegría por mantenernos en pie. No supimos contagiarla, no la comprendieron o puede que jamás la hubiera de verdad. Es ese dolor por la pérdida de una parte fundamental de nuestra esencia el que nos hace envolvernos en las mantas del retiro y nos exige apartarnos de todo ruido para sanarnos. Permanecer en sueños, lejos de la realidad circundante; allí donde todo es posible y donde no exista el mal de la egolatría; ese demonio de mil caras y mil espejos que ha derruido en un instante todo lo construido durante años.

¡Cuántas veces habrán vivido ustedes esto! ¡Cuántas noches habrán llorado al perder su particular Alhambra! ¡Y qué injusto perderla por culpa de quienes no supieron admirar su belleza ni cuidar sus palacios, fuentes y jardines! ¡Cuántos suspiros a los pies de lo que ya es una ruina! ¡Cuánto eco cuando nada queda! ¡Cuánto frío bajo la nieve del olvido! ¡Cuánto esfuerzo inútil! ¡Cuánto talento desaprovechado sobre la ardiente arena del orgullo! ¡Qué destino tan cruel para las generaciones futuras! ¡Qué oportunidad perdida! ¡Qué imbéciles! ¡Pero qué imbéciles! ¡Pero qué imbéciles! Y, aun así, siempre seguiré creyendo que otro mundo es posible… Quizá, en el fondo, porque seguramente el único imbécil sea yo.

stats