Andalucía

VERICUETOS

01 de marzo 2025 - 08:00

Vivir es emocionarse. Sentir es humano. Reír y llorar sin necesidad de acudir a la razón. Gozar de la libertad que nace del alma. Entender los días como oportunidades para sentirnos orgullosos de lo que somos. Respirar las noches como recuerdos perennes de lo que fuimos… Y todo ello lo tenemos claro los andaluces, aunque quizá nos falta conocer de dónde surge ese compendio de sabiduría.

Pocas personas saben que Blas Infante fue un masón ejemplar. Otras, en cambio, creen que se convirtió al Islam por su viaje a Marruecos. Finalmente, todas lamentan su fusilamiento en 1936, o eso quiero creer… Cuando cantamos en el himno de Andalucía: “Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, hombres de luz que a los hombres almas de hombres les dimos”; como digo, cuando cantamos estos versos ni siquiera caemos en la cuenta de su profundo simbolismo masónico. Tampoco reparamos en que el Hércules de nuestro escudo fue quien liberó a Prometeo, aquel que robó el fuego a los dioses para iluminar a la humanidad… Y mucho menos recordamos que el mítico Jardín de las Hespérides se situaba en la antigüedad en nuestras tierras, donde se hallaba Tartessos y quién sabe si la Atlántida, ubicada más allá de las columnas donde acababa la ecúmene. Hasta hemos olvidado también el colosal lago Ligustino, que orillaba en Sevilla, allí donde ahora solo vemos marismas…

Estas simples pinceladas dejan patente el olvido de nuestros míticos orígenes como pueblo y de cómo desde tiempos inmemoriales estos valles y montañas fueron vistos como el paraíso. Afortunadamente todo ha quedado impreso en nuestro interior en forma de tradiciones aún vivientes que han ido conformando nuestra identidad andaluza. La alegría de las ferias y los carnavales; la devoción de las diferentes Semanas Santas y las romerías; nuestra rapidez mental; nuestra natural tendencia a la fiesta, la broma y el buen humor; la infinidad de variedades del dialecto andaluz; la ingente herencia lingüística de nuestra centenaria etapa andalusí; nuestra innegable genética artística; el buen comer y el buen beber; el cantar, siempre el cantar… El bailar, siempre el bailar… Puede que algunas de estas características se hayan convertido en estereotipos y que haya detalles que no nos gusten ni siquiera a nosotros mismos como andaluces. A mí, por ejemplo, no me agradan las ferias, ni el flamenco, ni las romerías; la Semana Santa me resulta indiferente y de los carnavales solo me atraen un poco las chirigotas. De los toros mejor ni hablemos… Pero eso no quiere decir que reniegue de todo ello, porque tengo la firme convicción de que esas tradiciones beben de otras anteriores y esas, a su vez, bebieron de otras más antiguas. Por tanto, mi respeto más absoluto a cada una de ellas… A menudo se utilizan para ridiculizarnos como pueblo y posiblemente tengamos parte de culpa en ello, por haberlas desprovisto de sus raíces más profundas y simbólicas y por haberlas adaptado a ojos extraños en forma de parodias, así como por habernos dejado pisotear durante décadas de emigración forzosa, donde se nos utilizó como mano de obra barata, pues siempre se mira al sur cuando hacen falta manos y espaldas que trabajen de sol a sol. Por eso es tan importante que los pueblos tengan dignidad y la conserven para sí dando futuro a quienes tanto pasado atesoran en sus venas. Andalucía posee una riqueza material e inmaterial que muy pocos territorios poseen, pero no puede convertirse en un parque temático del folclore y la gracia fácil para turistas, sino en un espacio de convivencia universal, pensado por y para los andaluces, con tal de que no tengan que abandonar la t ierra que les vio nacer. Porque, como dijo el autor de El Ideal Andaluz: “Andalucía necesita de su juventud, pero de la juventud honrada, de la juventud trabajadora, de la que pone sus ideales fuera del camino trillado por la vulgaridad […] Es preciso que Andalucía haga por nosotros examen de conciencia. Que a la hora de su resurrección contribuyamos con todo nuestro entusiasmo, que todos nos sintamos igualmente redentores”. Dicho esto, ¡viva Andalucía Libre!

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