Andaluces, de Jaén

Ropa Vieja

21 de febrero 2025 - 08:00

¡Qué bien lo hizo Proust, con su magdalena! Con esa literatura de la percepción que genera un recuerdo, la memoria sensorial que nos traslada, generalmente, al pasado.

Así lo sentí, al dar una vuelta por el viejo Jaén, cuando, de repente, apareció el olor a tahona antigua, a pan de eternas madrugadas, a esa harina de sacos blancos que al palpar con las manos parece que estás tocando el origen de la vida… Esa blancura que abre las mañanas con el mejor pan.

En la calle Martínez Molina, al lado de una hornacina que guarda un pequeño crucificado, se encuentra el responsable de este hermoso olor: Pepitos es un establecimiento que, con el trabajo bien hecho, ha conseguido recuperar una de las esencias de nuestro casco histórico: el pan y del dulce artesanal.

Pepitos ha demostrado que, todavía, el vecino del Jaén antiguo tiene esperanza. Y que este deseo se puede alcanzar entre todos.

Mi paseo continuaba, y durante el mismo me acordaba de mis hermanos andaluces y de la belleza de sus ciudades, tan hermosas y conocidas.

Este pensamiento me asaltó justo al llegar a la plaza del lagarto, pues en su aire ya bailaba el olor del azahar. Y me acordé de Sevilla, de Córdoba…

Y pensé que Jaén es también muy bonita, a pesar de todo lo que la piqueta de la barbarie y la especulación ha demolido, con la complacencia y la aprobación de los que se decían a sí mismos intelectuales.

Y esto me lo decía llegando ya al convento de Santa Catalina, al entrar a su claustro (que si te haces una foto y dices que estás en Salamanca, la gente se lo cree).

Entonces, este olor, que impregna todo el viejo Jaén, quieres que llegue a toda Andalucía. Y que el sevillano, el malagueño, el gaditano, el de Graná, con el de Huelva y Cádiz, y el cordobés y el almeriense, todos, vengan a conocer la belleza inaguantable (inigualable) de Jaén.

Para ello, es necesario que nuestras comunicaciones e infraestructuras sean de primera división, igual que nuestro Jaén Paraíso interior de futbol sala, gobernado brillantemente por Daniel Rodríguez a quien hay que hacerle una estatua a lo Bernabé Soriano, pero ya, en vida, que es cuando se deben de hacer los homenajes. Pues la esencia de la buena hospitalidad y la materia prima del mejor patrimonio ya lo tenemos. Y queremos, deseamos que nuestros hermanos andaluces nos visiten y nos conozcan.

Que disfruten no sólo de la catedral y del Castillo, sino también de la melancolía de los Baños Árabes, de la pulcritud de los Baños del Naranjo, del Renacimiento oculto del convento de Santa Catalina, de las estrechas calles de plata de la judería, de la plaza, tan manierista, de la Merced…

Jaén tierra de raudales perdidos, de leyendas ocultas en las piedras y en la memoria de los más viejos, de poetas inmortales como Bernardo López y Almendros Aguilar. Es necesario, querida amiga, que te conozcan de verdad.

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