Francis Segura

Tres Papas

El Cayado

02 de abril 2025 - 03:08

Hace ahora veinte años, a esta hora, toda la cristiandad velaba a los pies del lecho del pontífice polaco Juan Pablo II. Cuando inició su pontificado, España se estaba desquitando los velos del franquismo. Faltaban cincuenta días para que el pueblo aprobara la Constitución y en Sevilla, la Semana Santa no podía, ni imaginar siquiera, que una década más tarde traerían su fe hasta la Campana los hermanos del Cerro del Águila. Allí, cuando Juan Pablo era proclamado Papa en 1978 nacía el fervor de su Hermandad Filial rociera, constituida en honor de la Blanca Paloma.

A la muerte de Juan Pablo II, las cofradías eran ya entes bien distintos, adaptados a una tecnología incipiente, con pocos medios para la comunicación, y que terminaba de vivir el año 2004, extraordinario entre lo extraordinario: se organizó el Santo Entierro Magno y aquel año salieron bajo palio la Cena, la Amargura, San Gonzalo, San Benito, Montesión, el Silencio, la Virgen de los Reyes… y nadie se quejó. Tras la muerte de Juan Pablo II, comenzaba el ocaso del pontificado del cardenal Carlos Amigo, elevado a la púrpura en 2003 y que se vería convertido en emérito antes de iniciarse la siguiente década.

Fueron las dos olimpíadas del papa Benedicto (ocho años, como los hermanos mayores reelegidos) un tiempo en el que puso a la Iglesia en guardia ante las tendencias de modernización que más tarde se impondrían, derribando, post-Benedicta era, no sólo muros ideológicos, sino también tradiciones inocentes de toda marca política.

Doce años lleva ya Su Santidad Francisco en el trono de San Pedro. Lo vemos ahora rendido ante la enfermedad, ausente pero activo, generando un nuevo estado papal: Juan Pablo estuvo sin estar; Benedicto, estando, se fue; Francisco, sin estar, permanece al frente. Veinte años después, en la era de los dos reyes y los cuatro obispos, los tres papas siguen actualizando el mensaje: servir aunque no se pueda, vivir sin poder dar la vida. Dios se lo agradecerá.

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