Tres comercios de Jaén con algo más que historia: "No es un negocio, es algo que tiene alma"
SOCIEDAD
La Verdadera, Confitería Barranco, Tejidos El Carmen: Las grandes superficies obligan al cierre de los establecimientos de toda la vida, pero en el centro todavía quedan algunos que resisten y conservan el legado

Jaén/En la calle San Clemente de Jaén llega el olor a repostería recién horneada desde primera hora de la mañana. Así, día a día, desde 1936 gracias a la Confitería Barranco, uno de los establecimientos más antiguos de la capital jiennense que aún pervive y que su regenta, Rosa Barranco, sigue elaborando recetas centenarias tras los cristales del escaparate. Fue su abuelo, ebanista de profesión, quien la fundó cuando en el inicio de la guerra civil le requisaron su maquinaria.
Sobrevivir tantos años es casi un milagro teniendo en cuenta que cada vez más comercios, de los de toda la vida e incluso los más recientes, han echado la persiana abajo para siempre. Ella es una auténtica superviviente y no la única que aún queda por un centro donde las calles estaban siempre vivas, Tejidos El Carmen, en Bernabé Soriano, pervive desde el año 1886 o unos metros más arriba, la mercería La Verdadera en la plaza San Francisco, fundada en 1934. Todos ellos siguen el legado familiar donde el aprendizaje del negocio ha pasado de generación en generación.
Confitería Barranco
La Confitería Barranco fue fundada por el abuelo de Rosa por pura necesidad, ya no podía trabajar de su oficio porque le habían requisado sus herramientas, aunque sí pudo tallar cuidadosamente y con detalles en madera el escaparate de donde salían dulces a diario desde un ventanal. El recetario y la tradición vienen de lejos porque ya los padres de su abuela eran panaderos y confiteros, tenían un horno y allí iban los vecinos a cocinar sus panes.
“Mi abuela empezó con lo más básico con ochíos, magdalenas, tortas, lo que en esos tiempos se podía comer porque en ese tiempo no se comían muchas exquisiteces, pero ya mi padre si fue ampliando cada vez más el negocio y elaboraban de todo”, cuenta Rosa Barranco.
Ella no decidió coger el relevo, con 13 años sus padres la colocaron detrás del mostrador porque era la mayor de cuatro hermanos y había que echar una mano. Así hasta ahora, aunque le terminó cogiendo el gusto y su momento favorito es el de elaborar su especialidad, las magdalenas de aceite de oliva virgen extra.
“Llevo 50 años detrás del mostrador, yo soy la que hago casi todo. De pequeña siempre me metía en el obrador, metía el dedo en el merengue, que me llevaba unas broncas”, explica entre risas. “Tengo muchísimos recuerdos, cuando llegaban las navidades nos poníamos a liar los mantecados a mano y en Semana Santa venía la gente con los canastos a hacer sus magdalenas, traían sus huevos, su manteca”, añora.
Tengo registradas las recetas por si alguna vez mi hijo quiere iniciar otra vez el negocio
Aunque la implantación de más panaderías industriales en la zona, las sucesivas crisis, el papeleo o los alquileres le ha puesto las cosas difíciles ha conseguido llegar hasta hoy y espera jubilarse con buena salud. “Hemos sobrevivido porque nuestra máxima son la calidad de los ingredientes, porque Jaén está lleno de confiterías, pero son más industrializadas con cosas que ya vienen preparadas, congeladas que son nada más que hornearlas y nosotros seguimos. A mí me traen los huevos a diario, el aceite de oliva virgen extra, la materia prima de primera calidad y ya te digo vienen gente de todo Jaén a comprar magdalenas, ochíos, ahora los hornazos”, explica.
Lo que sí es casi seguro es que, tras tres generaciones, ella será la última. “Mi hijo no quiere el negocio porque ha estado aquí, entonces yo lo traspasaré sin mis recetas porque las tengo registradas por si alguna vez mi hijo quiere iniciar otra vez el negocio”, cuenta.
Mercería La Verdadera
El secreto de La Verdadera, tras tantos años y en un país donde quedan cada vez menos mercerías, es la constancia, amor por lo que hacen, entender el contexto actual, ir creciendo poco a poco, formarse, especializarse y saber asesorar a los clientes. No solo han aguantado, sino que sus dueñas han conseguido aumentar sus ventas, desde el soportal hasta la entrada de la tienda, el trasiego de personas es continuo. No hay ni un solo momento en el que las dependientas y regentas no tengan entre sus manos retales, cordeles, botones o telas y una sonrisa.
Blanca e Inmaculada Villajos, hermanas, son la tercera generación que regenta el negocio familiar. Su abuelo, junto con su mujer, una de las primeras maestras de Jaén, abrieron la mercería en el año 1936 en la misma plaza San Francisco, pero en un establecimiento más pequeño, de unos 30 metros cuadrados, lleno de cajas e hilos.
Le siguió su madre y, luego, ellas. Y eso que en un principio tomaron caminos muy diferentes, Blanca estudió Derecho e Inmaculada, Psicología, pero los años desde su infancia entre bobinas, botones, un incesante río de clientes y una familia muy unida al negocio les dejó la huella suficiente para querer seguir en él.
La mercería tiene una esencia, una historia, mucho trabajo detrás, que tiene mucho orden. Entonces no es un trámite, es algo más
“Yo he crecido aquí, he vivido aquí y mi hermana igual, para nosotros es el día a día, no es algo que lo hayamos cogido más tarde, sino que lo hemos visto crecer y hemos ayudado cuando salíamos del colegio o la universidad. Mi hermana lo tenía clarísimo, terminó la carrera y sabía que este era su lugar. Yo saqué el máster y me incorporé un poco más tarde. Esto no es un negocio, esto es algo que tiene alma para nosotros. No es una entrada y salida de dinero, es algo que tiene una esencia, una historia, mucho trabajo detrás, que tiene mucho orden. Entonces no es un trámite, es algo más”, resalta Inmaculada.
La Verdadera cambió de ubicación porque querían crecer y lo estaban haciendo, algo muy complicado en un contexto donde cada vez las prendas son menos artesanales. Se han sabido adaptar a las nuevas tecnologías, tienen tienda online y redes sociales. Llegan fuera de la provincia, a diferentes puntos de España e incluso han recibido encargos desde Arabia Saudí y Latinoamérica.
"Una vez recibimos un mensaje de un señor por las redes sociales y me preguntó por el horario. Y entonces yo le dije por la tarde, de cinco y media, a siete y media. Llegó el hombre a Jaén porque resulta que trabajaba en una aerolínea de Nueva York- Madrid. Había alquilado un coche para venir a llevarse cosas. Pues llegó a las siete y lo estuvimos atendiendo hasta las 11 y media entre tres con todo lo que se llevó", cuenta Inmaculada.
Sobre la posible desaparición de las mercerías, Inmaculada cree que habrá siempre una necesidad porque habrá costumbres, tradiciones, un legado social ligado a ellas, como puede ser por ejemplo, una indumentaria típica de cada lugar, como la Semana Santa.
"Es verdad que hay pocos relevos generacionales en nuestro sector, según dicen muchos fabricantes, que el problema que tienen es que cada vez van a tener que ir a menos tiendas y que eso es un problema. Se irá viendo. Cada vez hay menos fabricación española, que es una tristeza", explica.
Tejidos El Carmen
Posiblemente, sea uno de los primeros en la lista de los comercios más antiguos de Jaén. Tejidos El Carmen, situado en la calle Bernabé Soriano, se fundó en el año 1886 y Jesús Espinosa es la tercera generación de su familia porque el que lo levantó fue Mariano Roldán y Mangas que le vendió la tienda a su abuelo y socio en el año 1915.
Su abuelo era de Pegalajar, eran varios hermanos y había que tirar para adelante. Se vino a trabajar a Jaén de aprendiz a otro negocio de tejidos que se encontraba en la calle Maestra, donde también se situaba la tienda de su abuelo. Entonces los dependientes y los aprendices, especialmente estos últimos, vivían en casa de los dueños porque la mayoría de ellos no eran de Jaén, comían, dormían allí y trabajaban en el comercio. Salió la ocasión de comprarlo y su abuelo lo adquirió.
"No sé por qué cogí el relevo, me gustaba, nosotros somos ocho hermanos y mi padre iba probando. Nos tenía allí un fin de semana a ver si a alguno le gustaba. Yo empecé a trabajar con 15 años, el bachiller lo terminé en el nocturno y trabajaba de día", explica Jesús.
Cuenta, que al principio le costaba hasta decir buenos días por su timidez. "Era muy vergonzoso, me ponía colorao", afirma. Ahora se desenvuelve con proveedores, cada cliente que atraviesa la puerta lo recibe con una sonrisa y le enseña el muestrario de los cientos de telas de todos los colores imaginables que hay repartidos por las paredes del comercio.
"Cada día es nuevo y se aprende algo, todavía me quedan muchas cosas por aprender, y se sobrevive intentando ser honrado, intentando no engañar a nadie, podrás tardar más en coger una llamada o atender algo pendiente. Llevarlo solo no es difícil, es sacrificado y arriesgado", explica.
La pasión por las telas y la venta se le nota. "Es un negocio precioso para una persona que sepa de modistería y que tenga don de gentes, pero tienes que trabajar muchas horas y además tienes que mantener un stock muy grande, eso es difícil. Lógicamente, el tema es muy difícil, es muy complicado, los negocios pequeños en general tenemos los días contados, todos, a lo mejor se salva alguien", concluye.
La muerte lenta del comercio tradicional se ha llevado por delante muchos negocios de toda la vida en el casco histórico de Jaén, los pocos supervivientes, resisten. Pero poco a poco también se pierde un legado, cercanía, tú a tú, el ajetreo en la calle e historias porque son los propios jiennenses, con sus establecimientos los que han dado vida e identidad a la ciudad.
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