Crónica. Los besos a Jesús: un deseo de gratitud para los jiennenses

COFRADÍAS

El besapié a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la cofradía de 'El Abuelo', congrega a miles de devotos durante cuatro días a pesar de las inclemencias del tiempo

The Mystery Man', la exposición que descubre el misterio de Cristo llega a Jaén

Segundo día del besapié de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Segundo día del besapié de Nuestro Padre Jesús Nazareno / Esther Garrido

Jaén/Multitud de jiennenses abrazaban estos días una experiencia efímera a su salida del solemne besapié a Nuestro Padre Jesús. Este acto que surge como una manera de convocar al devoto más sencillo, el que busca consuelo con el simple gesto de un beso, convertía la Carrera de Jesús en un punto de encuentro para cientos y miles de jiennenses. Estos, llegados desde todas partes, aguardaban dispuestos a combatir el frío y la lluvia bajo el amparo de un maltrecho paraguas resistente ante los fuertes bramidos del viento que suelen azotar esta calle.

Sin embargo, ninguna espera se hace realmente larga si se trata de encontrarse cara a cara con Jesús de los Descalzos: el mismo al que rezaron nuestros mayores siglos atrás, al que acudimos en rogativas para pedir nuevas lluvias y aquel que soporta las cruces de nuestro pesar. Todo se concentra en su rostro en esta cita cuaresmal que se torna hacia una veneración más propia de un museo que de la piedad popular.

Ya la propia disposición del Señor sorprendía por su escasa fidelidad con la iconografía que el jiennense reconoce en la figura de 'El Abuelo': sin la cruz al hombro, con túnica lisa y un cíngulo que se acerca a un cordón de yute. El público cofrade se distingue ahora entre dos ruidosos colectivos que batallan en las redes abanderando una u otra concepción: la del Hijo de Dios vestido con los bordados y atributos propios de un rey, o la del hijo del carpintero, con el más humilde de los tejidos. El debate es incesante en el orbe de las cofradías doquiera que se dé el caso.

Besos divididos

A pesar de la respuesta masiva que genera cualquier convocatoria en la cofradía de Jesús, puede que todavía estemos ante una desmedida forma de acercar la imagen al pueblo. Incluso, hay quien se atreve a señalar que la estamos alejando. La polémica se centraba esta vez en un detalle: apenas un orificio de tres centímetros de diámetro permitía al devoto palpar el veteado talón del Nazareno, casi encapsulado por una pantalla transparente que evidencia una notable distancia entre el Señor y Jaén difícil de salvar.

Con suerte, sí hubo quienes lograron asentar su beso sobre la madera santa de este pie que camina eternamente hacia el Gólgota. Otros, bien sin gafas o con la celeridad del momento, se marchaban con la sensación de haberse estorbado en las formas de su propia fisonomía. El golpe contra el cristal, a juzgar por los comentarios a la salida del santuario, es el símil de la realidad que nos embiste. Quedaban así con la miel en los labios.

Protegerlo a toda costa

La protección de la talla se antoja para algunos ciertamente desproporcionada con respecto a otras referencias devocionales repartidas por Andalucía, si bien prima la valía artística de la misma por encima de su exposición cultual. Desde la cofradía de la madrugada jiennense tienen claro que quieren evitar cualquier posible daño u otro efecto adverso sobre la policromía, aún más en este punto concreto de la imagen.

Cuál talón de Aquiles, este espacio que recibe el cariño de cientos de fieles cada año presenta una de las áreas más frágiles para la conservación de la imagen. No obstante, conviene plantarse ante este hecho para barajar si este besapié ofrece una justa reacción para los cofrades. A ello se suma la continua preocupación de su junta de gobierno por las apariciones frecuentes de ciertas humedades en el camarín, un problema que ha sido tratado ya en numerosas ocasiones incluso con la intervención de las autoridades locales.

Sea como fuere, el resultado siempre es el mismo: los jiennenses acuden a la llamada y el Señor los espera. Y a juzgar por las viejas instantáneas que hacen crónica de nuestro pasado, algo hemos cambiado en nuestra manera de proceder, para bien o para mal. Ahora el Hijo cede el turno a la Madre para recibir las nuevas plegarias de sus devotos en una Cuaresma que roza su ecuador con el irreverente escenario de la lluvia.

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